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Reconexión

Relatos | Más de 4 años
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Reconexión

Hacía dos días que la tormenta había arrasado todo a su paso. Dos días sin luz, sin nada fresco en la heladera, sin la distracción de la tv, la música, nada. Y ahora la ola de calor, agobiante, no corría una gota de aire, el ambiente denso, húmedo, pesado.

El corte de energía se había extendido a su cuerpo. Sus movimientos se hacían lentos, pausados. El único refugio que ella encontraba a era el fresco de la sombra, en su habitación, las persianas bajas a la hora de la siesta, tendida en la cama esperando en medio del tedio … esperando la reconexión con el mundo y con su energía.

En algún momento de la tarde golpearon a la puerta, ella se puso de pie, acomodó su camisa sudada con la lentitud de movimientos que la dominaba desde que comenzó el calor….el agobio y se dirigió a la puerta.
Al abrir el postigón encuentra un hombre de gesto adusto, voz grave y una sensual boca apenas disimulada por una barba semicrecida. El se presenta como el enviado de la empresa de servicio eléctrico -Buenas tardes señora, estamos buscando el corte…el transformador de la esquina…ella no sabe muy bien que le explicó ese hombre, pero le pedía permiso para entrar a su casa y revisar algo, una conexión…, el cable que pasa por su jardín.

Algo despertó en su interior, sin pensar en nada, lo hizo pasar. Los ojos del hombre apenas la recorrieron mientras buscaba con la mirada la salida al jardín. Hacia allí lo dirigió ella mientras un calor interno la invadía, un calor que nada tenía que ver con el bochorno del ambiente.

El hombre le pidió permiso para usar una escalera que apoyó contra una de las medianeras, ella no sabe si le contestó con gestos o palabras, esa voz la atravesó y la hizo vibrar en su interior como un rayo de energía eléctrica. Contempló trabajar al hombre quien encaramado en la escalera maniobraba herramientas y se comunicaba con un radio con otras voces, con otros hombres como ese que estarían repitiendo esa escena en otros jardines, quizá en otras mujeres.
-Señora, me alcanzaría un vaso de agua por favor, fueron las palabras que escuchó y la sacaron de su sopor, de sus divagues.

Se dirigió a la cocina a buscar el agua y ya su mente se había disparado. Volvió al jardín, se acercó al hombre y extendió su brazo para que este alcanzara el vaso. El imperceptible roce con la piel del otro reconectó algo de su energía. Sin pensar en lo que hacía se colocó entre la escalera y la pared, quedando frente a su cara toda la virilidad que creía adivinar en él. El hombre la miró desde arriba y quiso alcanzarle el vaso, ella miró fijo a sus ojos y sin hacer caso de lo que él quisiera, desprendió el botón de su pantalón de trabajo.

Aferrada al ancho cinturón usó su boca y sus dientes para bajar el cierre del pantalón. La escalera se movió, él quería bajarse, pero ella le dijo que se quedara así, ahí arriba. Comenzó a besar el abdomen del hombre dibujando con su lengua el borde del elástico de su bóxer mientras debajo de la fina tela veía crecer ante sus ojos el bulto que buscaba.
Otra vez con sus dientes tomó el elástico y lo corrió hacia abajo dejando asomar la mitad de la verga que se mostraba gruesa y creciente. El olor del hombre la invadió, apoyó sus manos en la escalera y comenzó a lengüetear la pija que se le ofrecía a medias aprisionada por la ropa. El quiso sacarla toda, bajarse, ella le reiteró con voz ronca -Quedate ahí, quieto.
Continuó era lamiendo y besando el miembro que se ahogaba entre la ropa, el calor, su boca. Una de sus manos soltó la escalera y liberó de su prisión al hombre, bajando sus ropas hasta las rodillas. Acarició los huevos, hinchados, calientes, transpirados, tomó la verga con su mano y recorrió el glande en círculos con sus dedos, luego lo metió en boca y lo succionó despacio, sin permitirle entrar del todo en su boca.

Cada tanto se alejaba unos centímetros y miraba su obra, elegía un punto del sexo del hombre y hacia allí dirigía sus caricias, sus besos. Recorrió el tronco con suaves mordiscones, sus dedos rondaban entre los testículos moviéndose explorando, probando, jugaba con su presa que estaba totalmente sometida al juego. El hombre respiraba agitado, algo decía, a ella no le importó, sólo quería seguir absorbiendo esa energía que había creado.

Cuando notó que el hombre no iba a resistir mucho más se desprendió la camisa, tomó firmemente la pija con su boca y la dejó entrar en todo su largo, usó su boca para succionarla, y en dos o tres movimientos sintió la tensión final, la voz del hombre que le decía te lleno, te acabo. Ella sacó la verga de su boca y dejó que el chorro de semen saliera disparado hacia sus pechos, su vientre.

Antes de que el hombre pudiera reaccionar o decir algo más, mientras la pija erguida, roja, hinchada dejaba salir algunas gotas de leche, ella se acomodó la camisa, pasó el dorso de su mano por la cara y se alejó.
Antes de entrar a la casa le dijo, -Por favor cuando termine me avisa para salir, el hombre había dejado de importarle, ella había conseguido su reconexión.
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